NOTA A LA DRA KARINA M ELMIR ACERCA DE LA PUBLICACIÓN DEL LIBRO: “Análisis crítico de contenidos éticos en la Educación Superior Universitaria”

Entrevista Karina M. Elmir (*)

Abogada, graduada en la Facultad de Derecho (Universidad Nacional de Rosario).

Coordinadora del Comité de Ética y Bioética del IUNIR desde su fundación en febrero de 2006,

Miembro del Comité de Ética en Investigación del Sanatorio Británico y Ex-Becaria del IV Curso

de Introducción a la Ética de la Investigación en Seres Humanos del Programa de Educación permanente de la Red UNESCO de Bioética (2010).

Desde el año 2011 se desempeña como Docente de Ética y Bioética en la Maestría en Ciencias de la Salud y en el Doctorado en Ciencias Biomédicas (IUNIR). Es Profesora Adjunta de la Cátedra de Humanística V, Ética y Bioética en Escuela de Medicina del Instituto Universitario Italiano de Rosario y por concurso, Profesora a cargo de la Cátedra de Praxis Médica y Legal de la Carrera de Medicina del mismo Instituto.

Colaboró como Asesora legal de terminología jurídica del Código de Ética de la Asociación Médica Argentina en su Traducción al italiano (Buenos Aires, 2008). Es disertante en numerosos Congresos abordando temas sobre la temática y su articulación con aspectos legales y autora de numerosos ensayos publicados en Revistas Científicas.


 

 

 

 

 

 

Notas y entrevistas.

– ¿Cómo puedes definir el escepticismo?

– El escepticismo no es el afán de dudar de todo o de negarlo todo, sino un buen método para defender algunas cosas valiosas, como son la información contrastada y la opinión razonada. Yo diría que es un planteamiento táctico para no dar por buena una información o una opinión antes de pensarla con un poco de atención. Obviamente, no podemos cuestionarnos todo por sistema, entre otras cosas porque carecemos de la energía mental y el tiempo necesarios, pero el escepticismo es una buena herramienta para aprender a pensar por uno mismo y defendernos de las informaciones infundadas y las opiniones interesadas.

– ¿Cómo surgió el término Escepticemia que ha dado título al libro?

– Tomé prestado el nombre de Escepticemia de Petre Skrabánek, un médico y escritor checo que había muerto en 1994. Había leído su libro “Sofismas y desatinos en medicina” y admiraba de él su capacidad de identificar falacias y sesgos en la información médica. Elegí este nombre para mi blog porque me parecía que etiquetaba muy bien el tono y el talante que quería darle a mis textos, y a la vez podía ser un buen acicate para desarrollar una cierta dosis de escepticismo. Y digo una cierta dosis porque creo que el escepticismo es una cuestión de medida. Conviene tener un nivel moderadamente elevado, pero tampoco demasiado alto para evitar caer en el solipsismo y pensar que no podemos conocer nada.

– ¿Qué objetivos persigue el libro y a qué público está dirigido?

– Este libro recoge 99 artículos de los más 600 publicados en mi blog Escepticemia desde 1999. Se dirige a un público no necesariamente médico, pues está escrito con un lenguaje periodístico que pretende ser claro y accesible. En el libro, además, se habla de muchos asuntos, desde los estilos de vida a la bioestadística, desde el arte a la neurociencia… Los artículos están agrupados en 10 capítulos sobre temas en apariencia distintos, pero conectados por el nexo común de la salud y la información, dos de los grandes dioses paganos de nuestro tiempo. El lector puede acercarse a él como si se tratara de un periódico, leyendo aquellos asuntos que le interesen más. Para los lectores interesados, les diré que pueden solicitar o descargarse gratuitamente el libro en PDF en la web de la Fundación Dr. Antonio Esteve (http://www.esteve.org/cuaderno-escepticemia/).

– ¿Qué lugar debería ocupar el escepticismo en la enseñanza de las Ciencias Médicas en Universidades?

– Para un periodista está claro que el escepticismo ante la información es una obligación profesional. Pero yo diría que, en buena medida, también lo es para un médico, obligado como está a sacar conclusiones de montañas de estudios científicos y a la vez de informar y aconsejar a sus pacientes, evitando transmitir esperanzas infundas y miedos innecesarios. Para ello y, además, para saber lidiar con la incertidumbre y para no endiosar a la ciencia, es necesario recibir una cierta formación escéptica. Decía Víctor Hugo que “la ciencia tiene la primera palabra sobre todo y la última sobre nada”. Yo creo que este es un buen enfoque para poner a la biomedicina en su justo sitio y dejar claro que la ciencia es ajena al mundo de los valores, tan importantes para las personas. Porque la medicina no es una ciencia, sino una praxis basada en pruebas científicas, siempre provisionales, y en el reconocimiento de la condición humana del paciente, con el objetivo de aliviar su sufrimiento.

– ¿Cómo crees que los profesionales podemos lograr la dosis justa de escepticismo?

– Con un cierto esfuerzo y dedicación, sin duda. Porque pensar, sobre todo pensar por uno mismo, cansa. Pero vale la pena, porque es la mejor forma de ejercer una profesión como la medicina, que exige un enorme esfuerzo de actualización profesional y a la vez estar continuamente alerta para no hacer daño a los pacientes y ofrecerles las mejores opciones. Yo diría que el escepticismo en medicina debe empezar por uno mismo, cuestionándose las propias opiniones, sobre todo cuando no son opiniones meditadas y contrastadas. En medicina, está claro que siempre hay que partir de las mejores pruebas científicas disponibles. Pero las creencias que tenga un médico o un investigador –e incluso los hábitos–, pueden influir en sus opiniones. No es indiferente, por ejemplo, que quien investiga sobre el alcohol o quien trata a un paciente alcohólico sea o no abstemio.

– ¿Qué mensajes te gustaría dejar a los visitantes de esta página?

– Quizá una idea importante es que hay que diferenciar las opiniones intuitivas de las opiniones razonadas. El estado natural de nuestra mente es que tengamos sensaciones y opiniones intuitivas sobre casi todas las cosas que nos ponen delante. Tenemos una especie de escopeta mental, como dice Daniel Kahneman, que dispara continuamente y sin esfuerzo opiniones intuitivas, incluso sobre cosas de las que no tenemos ni idea. Pero para ejercer la medicina, o simplemente para opinión o criterio sobre cualquier asunto, es necesario desarrollar el hábito de pensar con calma y atención.

 

 

 

 

 

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